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jueves, 25 de diciembre de 2008

Los violinistas de calle Sierpes


Los violinistas de calle Sierpes son sujetos extraños. Mientras camino, atropellada por gente que va y viene sin preocuparse de mirar con quién se cruza, preocupados por sus compras de Navidad, escucho de repente cómo se alza en el aire un susurro quedo, que va in crescendo hasta inundar la calle.
Una señora mayor se detiene, y lanza una moneda al estuche del violín que yace en el suelo. Me obligo a parar mis pasos para disfrutar de la melodía. No, no es otro de esos que se lleva la minicadena y pone el violín de fondo, simulando tocar; éste toca de verdad, y toca muy bien.
Aparte del muchacho que se muestra en la fotografía (tomada hace ya tiempo), me gustaría destacar la pericia musical de los que por estas tierras se conocen como "los rusos", un grupo de cuatro hombres y una mujer que tocan siempre en las inmediaciones de la librería Beta, y que hacen que verdaderamente una servidora se plantee por qué tienen que limitarse a tocar en las calles, cuando podrían actuar a otros niveles.

Os recomiendo que, en estos días de vacaciones (los que aún sigáis en Sevilla), os paséis a escucharlos. Es ahí donde encontraréis el verdadero significado de la Navidad.


"Esos hombres del violín llevan su voz en el brazo
como la vena firme de una canción muchacha.
Van celándola dulces, con los ojos cerrados,
todos brasa y suspiro del ensueño que llueve
diminuto rocío de aprisionadas flores
en los cuerpos fragrantes de tus violines músicos,
aun con hojas y aromas del encendido bosque."

(Hombre con Violín; Carmen Conde)

domingo, 5 de octubre de 2008

La calle del cactus












La calle del cactus es un señal para nunca perderse. Sobre todo, me servía cuando aún era una púber descarriada, y me metía por callejones que no sabía dónde desembocaban, a sabiendas de que me perdería. Pero siempre lo encontraba a él, ese gran cactus, y ese hecho siempre me hacía volver sobre mis pasos y encontrar el verdadero camino hacia... dondequiera que fuese.


El cactus se encuentra en la calle Don Pedro Niño, y el primer recuerdo que tengo de él es de una Semana Santa, siendo yo muy pequeña. Me pareció tremendamente gigantesco, y siniestro de algún modo, ya que parecía que iba a comernos a todos. Con el tiempo, he dejado de usarlo como guía, para pasar a tenerlo como recuerdo de mi infancia y adolescencia. Os invito a todos a que lo admiréis algún día, no tiene desperdicio.


"Apretada la tierra en la greda vasija
ha tiempo que parió al esbelto cactus.

Cada día lo veo de mañana,
le llamo: -Fiel amigo, esbelto infatigable.

Entonces me obedece el cactus verde,
se adelgaza, se esbelta infatigable,
y yo le digo: -Amigo, amigo verde."

(Extracto del poema "El Cactus", de Alberto Rubio).

domingo, 29 de junio de 2008

La esquina de la muerte

Empiezo una nueva sección porque me apetecía mostrar esas zonas de mi ciudad que, lejos de ser carismáticas y de aparecer en las guías turísticas, son los rincones que más recuerdos despiertan entre los habitantes (en este caso, en mí).

Siempre he creído que los rincones menos conocidos son los que guardan más recuerdos, y los que, al fin y al cabo, conforman la verdadera historia de la ciudad. Por ello, he decidido mostrar aquí los que son más especiales para mí.

Comienzo con lo que me gusta llamar "la esquina de la muerte". Se trata de este giro, en la calle que desemboca en la plaza de San Román, y que me parece especialmente traicionero porque nunca se sabe si un coche va a girar o no. Es casi imposible discernir si es seguro pasar, aparte de que (como podréis observar en la imagen), la acera es extremadamente estrecha, y cada vez que se pasa por ahí, se juega uno la vida.

Es un sitio especial porque forma parte de la ruta que suelo tomar para regresar del centro a mi casa; nunca me gustaron las grandes avenidas, llenas de coches y de gente. Prefiero ir por calles tranquilas que me permitan cantar con la música de mi iPod.


"La distorsión del planeta, para la muerte esquina representa. Tormenta y sepultura para todo aquel que enfrenta."

Dyablo