La oscuridad me inunda por los lados, pero no dejo de correr. Las ramas me arañan la cara, y sólo la pálida luz lunar me muestra dónde poner los pies para no tropezar. Siento que cada vez estoy más débil, pero no puedo, no puedo dejar de correr...
De repente, me fijo en el cielo, y percibo más claridad que hace unos instantes. Está empezando a amanecer, y aún me quedan dos kilómetros para llegar al Claro de Nôth, donde tendrá lugar mi maldición una noche más.
No puedo parar de correr, pero, al mismo tiempo, siento un enorme de deseo de detenerme para comprobar qué ocurre; me detengo un instante que se hace eterno, en el que decido entre la vida de horror que me espera en el día que va a comenzar, o entregarme a la muerte, dulce pero traicionera, que, como la más experta de las amantes, me ofrece una vida infinita en la que no sufriré, en la que no sentiré desprecio, en la que no habrá carne que maltratar cada día al alba.
Al final, mis piernas deciden seguir corriendo. Sería demasiado cómodo dejarse llevar, entregar la vida sin luchar. Demasiado cómodo y nada justo, sobre todo teniendo en cuenta que cuando el sol salga del todo (sólo le resta la infinitésima parte), tendré que entregarme a la misión para la que he nacido, a pesar de mi estado cuando eso ocurra.
Pongo el pie en el claro, el astro rey me baña con su cálida luz, pero yo ya no siento la luz ni el calor. Sólo veo cómo mis manos se agrandan, mis pies se hacen enormes, mi boca comienza a ser un amasijo de colmillos y saliva, y el pelo inunda mi cuerpo.
Mi conciencia humana se va alejando, ahora mi mente está ocupada por el alma de lobo que me controla, pero en un pequeño rincón de mi alma, aún sigo sabiendo quién soy, y cuál es la misión que debo llevar a cabo.
Mi nombre es Nyhira, y soy la Guardiana de las Nueve Estrellas y la protectora de la princesa Alzêen. Y, durante el día, también soy su mascota.
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domingo, 2 de noviembre de 2008
Metamorfosis
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miércoles, 17 de septiembre de 2008
Tristeza
Mira a esos hombres en silla de ruedas... Son más felices que yo, en mi tristeza, sentada en el banco...
Ni siquiera tengo ganas de cenar.
(Por suerte, el atisbo no llegó a convertirse en realidad).
Ni siquiera tengo ganas de cenar.
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jueves, 10 de abril de 2008
El Espejo
Intrigada por los deseos del espejo, me acerqué con cautela a la joven que me devolvía la mirada y que imitaba mis gestos. Puse un dedo sobre la superficie fría, y ella lo rozó con la yema de su índice.
Todo parecía igual en el espejo, y sin embargo, todo estaba cambiado. Pero no me resultaba nada extraño, era como una variante de mi vida.
De repente, la sombra inundó el reflejo, y todo se apagó. Ya no veía a la joven que me mostraba su dedo, ni podía contemplar mi mundo reflejado. Había pasado a una época de ceguera, de un velo en los ojos, de espinas, de poca cordura…
Poco a poco, primero en penumbra, luego en luz tenue, luego brillando, la luz regresó, pero fue tan fuerte su vuelta que me quemó los ojos.
Cuando al fin pude ver, me miré las manos, y vi que mi anillo estaba en la izquierda…
Mala cosa. Mi reflejo había logrado atraparme en el espejo, y ahora, ella corría libre por el mundo. Si veis que tengo el lunar al otro lado, no os asustéis.
Y no temáis. A menos que yo se lo ordene, no os matará.
Todo parecía igual en el espejo, y sin embargo, todo estaba cambiado. Pero no me resultaba nada extraño, era como una variante de mi vida.
De repente, la sombra inundó el reflejo, y todo se apagó. Ya no veía a la joven que me mostraba su dedo, ni podía contemplar mi mundo reflejado. Había pasado a una época de ceguera, de un velo en los ojos, de espinas, de poca cordura…
Poco a poco, primero en penumbra, luego en luz tenue, luego brillando, la luz regresó, pero fue tan fuerte su vuelta que me quemó los ojos.
Cuando al fin pude ver, me miré las manos, y vi que mi anillo estaba en la izquierda…
Mala cosa. Mi reflejo había logrado atraparme en el espejo, y ahora, ella corría libre por el mundo. Si veis que tengo el lunar al otro lado, no os asustéis.
Y no temáis. A menos que yo se lo ordene, no os matará.
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domingo, 30 de marzo de 2008
De nenúfares y otras inocencias
Escuchando, me deslicé entre dos sombras, y abrí una brecha en el cielo, entre la Malvada y el Obsceno. Me hicieron retorcerme hasta que pude escuchar con claridad:
Malvada: ¿Qué haremos cuando no haya nubes?
Obsceno: Inventaremos un nuevo color. Lo llamaremos "crisol".
Malvada: Ese color ya está inventado.
Obsceno: ...
Obsceno miró a Malvada de forma siniestra, y eso teniendo en cuenta que esa mirada era la especialidad de Malvada. Él sólo quería hacer notar que los nenúfares tendrían un color mucho más bonito si se teñían de crisol, pero una vez más estaban mutilando su libertad de expresión.
Malvada rió hasta que se desencajaron sus pestilentes mandíbulas de hierro oxidado.
Malvada: Obsceno, a veces eres de lo más INOCENTE.
Malvada: ¿Qué haremos cuando no haya nubes?
Obsceno: Inventaremos un nuevo color. Lo llamaremos "crisol".
Malvada: Ese color ya está inventado.
Obsceno: ...
Obsceno miró a Malvada de forma siniestra, y eso teniendo en cuenta que esa mirada era la especialidad de Malvada. Él sólo quería hacer notar que los nenúfares tendrían un color mucho más bonito si se teñían de crisol, pero una vez más estaban mutilando su libertad de expresión.
Malvada rió hasta que se desencajaron sus pestilentes mandíbulas de hierro oxidado.
Malvada: Obsceno, a veces eres de lo más INOCENTE.
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